Me tienen la chota en juliana las rabietas por Trump de
universitarios malcriados de campus Ivy League y del jet-set paragubernamental
(y de algún colado al camión que ni siquiera tiene green card de los que siempre
hay, como Bono). En lugar de patalear majaderos porque a veces las cosas no
salen como quisieran y el mundo se les presenta injusto y ajeno (get in line),
podrían tratar de entender. Pasa que a esas cabecitas, ensordecidas de ingresos
brutos, que hacen rollitos con los billetes de 100 dólares para usarlos como
tampones o esnifar merca, les cuesta concebir que una mina que la tiene que
pilotear con dos laburos para a duras penas llegar a fin de mes no haga causa
común con una millonaria de tapa de revistas que vive de partuza en partuza
simplemente porque las dos mean sentadas. Es ahí, precisamente, donde tratan a
la gente de estúpida. El pueblo no eligió a Donald o optó por el Brexit porque
son tarados sino justamente porque no son tarados: estaban expresando un descontento
en forma legítima, descontento que merece ser escuchado, respetado y atendido,
porque de eso se trata la democracia. En lugar de eso, se movilizan para
boicotear lo que no les gusta. Hay galerías de arte que ya anunciaron que
estarán cerradas el día de la asunción de Trump como forma de protesta. Qué
pena. Nos perderemos de ver un terezo adentro de un frasco que algún artista
conceptual puso en display buscando ‘interpelar al sujeto acerca de la
transmutación escatológica del entramado social’. Reacciones como las de Amy
Tan y tantos otros escritores fueron particularmente ilustrativas del grado de
desapego con el mundo en el que viven. Si esas son sus élites intelectuales, no
me sorprende lo de Trump, me sorprende que no haya ganado Johnny Knoxville.
Desinstalen el Stupidify, muchachos. Lean. Googleen. Miren
que pueden usar los dispositivos móviles para otra cosa que charlas TED y selfies en los Oscars.
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