Algunas cosas a propósito de las elecciones en Venezuela
Lo primero es que no se puede hacer política contrafáctica: no hubo fraude. Ganó la oposición, hubo festejos y el presidente reconoció la derrota. Hasta ahí, lo mismo que sucede en cualquier democracia (excepto en EEUU, donde hace poco el que perdió pateó la puerta de la Casa Blanca y la ocupó de pesado). Muchos pensarán que de no haber sido por la presión diplomática y de medios internacionales el resultado hubiera sido otro. Es como si yo dijera que si hubiera nacido rubio, de ojos celestes y con talento para el fútbol sería el Beckham uruguayo. Capaz, pero la realidad es que eso no pasó. De hecho yo doy más con el perfil de Redondo y no precisamente por el buen manejo del balón.
Lo segundo que quería decir es que sería una muestra de honestidad intelectual que aquellos dirigentes políticos uruguayos cuya estrategia el último mes y pico consistió en agitar el fantasma de un fraude que nunca sucedió, también reconocieran su derrota. Esto no es una defensa de Venezuela. No tengo idea lo que pasa ahí y difícilmente la pueda tener dado el nivel de tirafrutismo del debate nacional. Lo único que me preocupa es que no parecen haber podido reemplazar a Renny Vega. Fuera de eso, allá el pueblo venezolano con sus decisiones libres y soberanas. Si hay personas presas por sus ideas (o por portación de rostro, como en Guantanamo), siempre estaré en la vereda de enfrente. Simplemente tengamos presente que no es lo mismo un preso político que un político preso. Si no me das mas datos…
Por último, menos aún es esto una defensa de Maduro. Mal podría yo sentirme identificado con el liderazgo político de alguien que dice recibir lineamientos estratégicos de un ave. No caben dudas que es un personaje payasesco, pero acá tuvimos un presidente que quería importar científicos rusos y que lloró en televisión, y otro que le recomendaba a los jóvenes que si una mina los deja, no la fueran a matar. Sin ir mas lejos, hoy tenemos un intendente en la capital que llegó a asumir en bicicleta y que armó una comisión para regular cuántas veces al año y de qué colores se pintan las letras de la Rambla.
La democracia no se puede ni se debe inocular.
Vote and let live.
FR
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