11 ene 2015

El amable donante

No sé qué haría si fuera Presidente de la República, pero estoy seguro que no donaría mi sueldo.
Según lo que dice la prensa, el Pepe donó cerca de medio palo verde de su bolsillo a lo largo de estos cinco años, mayoritariamente destinados al Plan Juntos, una iniciativa de vivienda social para los sectores más carenciados. Como no aplaudir semejante muestra de desapego material y de conciencia social, sobre todo en estos tiempos donde predominan el consumismo y la filosofía Fido Dido.
Muy rico todo, pero dejemos que se disipe la humareda y mirémoslo desde otro lugar. En Uruguay trabajan (en números muy redondos, como un servidor) 1.500.000 personas. De ese millón y medio de personas, 500.000 somos los que aportamos el grueso del IRPF; el otro millón, o no llega al mínimo no imponible, o tributa muy pegado al piso de la primera banda. A esos y esas dejémoslos y dejémoslas tranquilos y tranquilas.
Hay toda una línea discursiva, defendida entre otros por el inefable Ignacio De Posadas, que sostiene que todas estas iniciativas de carácter social como el Plan Juntos deberían quedar en manos de instituciones privadas, ONG, colectivos religiosos, etc., y que se deberían financiar a partir de la solidaridad y la filantropía. Como frenteamplista, me molesta ver a Mujica abrazando esa idea (‘Se puede gargantear todo lo que se quiera, pero a la garganta hay que prestarle el bolsillo’, dijo). Me molesta porque atrás de esos argumentos engañosos se esconde otra idea que no tiene nada de solidaria: la de ‘yo aporto lo que quiera, cuando quiera, y a quien quiera’.
Es inviable sostener políticas sociales a mediano y largo plazo apoyadas en contribuciones voluntarias. En un país serio (como el nuestro) y con un fuerte sentido de comunidad y de proyecto colectivo, dichas políticas son prioritarias y es el Estado el que a través de impuestos recauda lo que necesita para implementarlas.
¿Qué haría yo si fuera presidente y veo que el Plan Juntos necesita más recursos? Me guardo en el bolsillo el 100% de mi sueldo, primero. Después, estipularía un impuesto de UN DÓLAR AMERICANO (US$ 1) a cada una de esas 500.000 personas que mencionaba más arriba, entre las cuáles me encontraría, obviamente. De esta forma, a lo largo de 5 años recaudo 30 millones de dólares. No me digan que no se puede porque lo hizo Batlle con el COFIS. Para salvar bancos.
Es una medida antipática, sin duda. Ni hablar que yo no hubiera sido el presidente más popular, ni habría notas sobre mí en los principales diarios del mundo y probablemente Sean Penn no hubiera querido sacarse una foto conmigo. Pero el Plan Juntos gozaría de muchos más recursos. Y eso, para un gobierno, es lo más importante.

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