31 dic 2016


Además de mis mejores deseos, a modo de despedida del año les dejo algunos pronósticos para el 2017, apoyados como siempre en un exhaustivo proceso de data mining ceñido estrictamente a los estándares internacionales en la materia:
El 2016 se llevó grandes figuras del arte y el deporte, personas talentosas y creativas con mucho para dar aún. De continuar esta tendencia, puedo asegurar con un 99% de confianza que voy a llegar vivo al 2018.
Peñarol arranca el año en zona de descenso al borde del colapso institucional y deportivo, y contrató como entrenador a Leo Ramos, por lo que es mi principal candidato a ganar el Mundial de Clubes 2017.
Gracias a la información que me brindaron generosa y desinteresadamente algunos de los más notorios analistas económicos del país, me animo a estimar que la inflación para el año entrante rondará el 178% y el dólar a fines del 2017 costará 95 pesos. También puede pasar que la inflación sea de un 8% y el precio del dólar fluctúe entre 28-29 pesos, pero de ese rango no se mueven seguro.
Para terminar, y reconociendo que se aleja del riguroso enfoque científico que le he intentado dar a esta columna, últimamente tengo un sueño recurrente con sonidos de helicóptero e imágenes de la Casa Rosada, que no logro interpretar en su cabalidad. Los mantengo al tanto.
Que tengan un excelente comienzo de año.

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17 dic 2016

Había una vez un presidente devenido en rockstar global, famoso por hablar mucho y hacer poco, que prometió cerrar la cárcel de Guantánamo pero en un sorpresivo giro de los acontecimientos, no cumplió. Lo que sí hizo fue ‘liberar’ (el entrecomillado es adrede) a algunos tipos que estaban allí desde hacía más de una década por portación de rostro (de haber hecho algo nunca los hubieran liberado). Quedaba por resolver el incómodo tema de dónde meter el paquetito. Como siempre hay un roto para un descosido, apareció otro presidente devenido en rockstar global, también famoso por hablar mucho y hacer poco, que se ofreció a solucionarle el espinoso problema canjeándolos como si fuesen mercaderías por algunas toneladas de cítricos y de paso quedar en carrera para el Nobel de la Paz.
Hasta ahí la historia que todos conocemos y que hasta ahora nadie ha refutado. Extraño concepto de libertad el que se le aplica a Diyab. Porque resulta que puede salir del Uruguay pero no hay país que lo reciba. Pasó a estar preso en un lugar más grande y probablemente más lindo pero que le debe resultar igualmente alienante: la rambla, los bizcochos y el mate no significan nada para alguien de otra cultura, que habla otro idioma y que está forzado a vivir lejos de su familia desde hace 15 años, porque sí nomás.
Lo que me sorprende es el enojo por lo protestón que resultó el malagradecido. Supongo que esos mismos uruguayos que se indignan con Diyab, por unos mangos del Estado, vivienda y una MacBook dejarían a sus afectos y se irían a vivir solos en Abu Dhabi. Es el triunfo de la filosofía Astori: no sé de qué se queja si EN TÉRMINOS REALES es más libre que antes.

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1 dic 2016

La captura del lanza garrafas permite desarmar tres discursos nefastos. Uno, desnuda la lavada de manos de la cúpula de Peñarol en toda su hipocresía. El Papo es socio del club, integrante de ‘la barra’ (ese simpático eufemismo futbolero que en realidad significa ‘asociación para delinquir’) y estaba en una lista de afortunados a los cuales se les permitía entrar gratis a los partidos. So much for ‘nosotros no tenemos nada que ver’.
Dos, ya está con el argumento del Ministerio del Interior de que la violencia es un tema del que se deben encargar los clubes. Si hay dirigentes que están en connivencia con ‘la barra’ (y todos sabemos que los hay, solo que ahora tenés un testimonio de donde agarrarte), esos dirigentes también son delincuentes. Y para tratar con delincuentes están la policía y la justicia. El domingo quedó claro que no tenía mucho asidero la estrategia del tirón de orejas público y mandarlos al rincón a pensar.
Estoy seguro que en todos los clubes (incluído Peñarol) hay tipos honestos y con ganas de hacer las cosas bien. A esos tampoco los ayudó mucho el ministerio. Es muy Marvel Comics pretender que un civil se les plante y les diga ‘muchachos, no hay más entradas de favor, nada de dealers en la tribuna ni de andar a los tiros, ¿tá?’. Porque los ‘barras’ no van a decir ’recórcholis, pero que contrariedad’, darse media vuelta e irse refunfuñando cual gurí fastidioso. En la vida real te van a apretar con que saben dónde vivís, dónde labura tu mujer, a qué colegio van tus pibes y que te van a meter la salmonella en la mayonesa. Algún valiente habrá que les haya hecho frente, pero evidentemente tampoco estaba dando mucho rédito la estrategia de apelar al Luke Cage que todos llevamos dentro.
Y tres, esto es un tema para las fuerzas del orden, no para una empresa privada (mucho menos para 'referentes' de la barra autogestionando seguridad). Los patovicas están para controlar revoltosos. Las tribunas no pueden ser zonas liberadas donde manden los delincuentes y la policía no entre. En Rio se metieron en las favelas y ahora podés andar por la Rocinha que no te pasa nada. Hay que pacificar la Amsterdam.
El problema social es mucho más complejo y ningún pibe nace lanzador de garrafas, pero primero saquémoslos de los estadios, después hablamos con Fabiana Goyeneche. Prohibirles la entrada al fútbol no cercena ningún derecho humano esencial. Esto no es pedir mano dura, ni sociedad policíaca ni es un brote autoritario: se llama estado de derecho.

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