Dos, ya está con el argumento del Ministerio del Interior de que la violencia es un tema del que se deben encargar los clubes. Si hay dirigentes que están en connivencia con ‘la barra’ (y todos sabemos que los hay, solo que ahora tenés un testimonio de donde agarrarte), esos dirigentes también son delincuentes. Y para tratar con delincuentes están la policía y la justicia. El domingo quedó claro que no tenía mucho asidero la estrategia del tirón de orejas público y mandarlos al rincón a pensar.
Estoy seguro que en todos los clubes (incluído Peñarol) hay tipos honestos y con ganas de hacer las cosas bien. A esos tampoco los ayudó mucho el ministerio. Es muy Marvel Comics pretender que un civil se les plante y les diga ‘muchachos, no hay más entradas de favor, nada de dealers en la tribuna ni de andar a los tiros, ¿tá?’. Porque los ‘barras’ no van a decir ’recórcholis, pero que contrariedad’, darse media vuelta e irse refunfuñando cual gurí fastidioso. En la vida real te van a apretar con que saben dónde vivís, dónde labura tu mujer, a qué colegio van tus pibes y que te van a meter la salmonella en la mayonesa. Algún valiente habrá que les haya hecho frente, pero evidentemente tampoco estaba dando mucho rédito la estrategia de apelar al Luke Cage que todos llevamos dentro.
Y tres, esto es un tema para las fuerzas del orden, no para una empresa privada (mucho menos para 'referentes' de la barra autogestionando seguridad). Los patovicas están para controlar revoltosos. Las tribunas no pueden ser zonas liberadas donde manden los delincuentes y la policía no entre. En Rio se metieron en las favelas y ahora podés andar por la Rocinha que no te pasa nada. Hay que pacificar la Amsterdam.
El problema social es mucho más complejo y ningún pibe nace lanzador de garrafas, pero primero saquémoslos de los estadios, después hablamos con Fabiana Goyeneche. Prohibirles la entrada al fútbol no cercena ningún derecho humano esencial. Esto no es pedir mano dura, ni sociedad policíaca ni es un brote autoritario: se llama estado de derecho.
FR
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