Confieso que no voté por Barack Obama. En mi defensa argumento que por razones de ciudadanía no hubiera podido hacerlo aunque hubiese querido. Lo habría hecho de haber sido americano, me pregunto. Uno es a veces mas hijo de su tiempo (y de su espacio) que de sus padres, imposible aventurar mi derrotero ideológico de haber nacido en los brazos del Tío Sam. Mas aún, como saber si hubiese siquiera concurrido a votar.
Dejando de lado la introspección y concentrándome en la ideología, reivindico tozudamente el valor y la validez de la díada derecha-izquierda, con la salvedad de que le asigno un rol descriptivo y no escatimo esfuerzos para evitar el despectivo facilismo de su dimensión cualitativa. Soy (si a alguien le interesa) lo que se dice una persona de izquierda (profundamente convencida, además) aún cuando me sea ajena buena parte de su liturgia y carezca de rasgos que el imaginario colectivo asocia con tal condición, por ejemplo (a riesgo de sonar herético) el antiamericanismo. Me permití la digresión anterior en tanto explica mi mesurado regocijo por el triunfo de Obama, y a pesar de que su estatura de estadista es un gran enigma, si hablamos de referentes de la derecha me identifico mucho mas con su modus operandi que con el pragmatismo desideologizado y farandulesco al estilo Sarkozy, Berlusconi o (por estas latitudes) Mauricio Macri.
Retomando el hilo conductor, el pueblo americano clamaba por un nuevo liderazgo. Si Hillary Clinton representaba un cambio, Barack Obama significaba el cambio al cuadrado: al igual que aquella, su candidatura quebraba la historia; a diferencia de aquella, lo hacía desde el margen del aparato demócrata y no desde sus mismas entrañas. Hombre de verbo fácil y gran carisma, aglutinó voluntades apoyándose en una retórica de hábil mixtura programática y motivacional, haciendo un uso estratégico de las redes sociales tipo Facebook o mySpace (al igual que Bill Clinton con la por entonces incipiente MTV) y recolectando cuantiosos fondos provenientes del ciudadano de a pié (como precandidato) y del status quo político-empresarial (ya como candidato). Lo mejor de los dos mundos.
Pero si Obama es la marca y la obamanía el marketing, me pregunto también cuanto de diferente hay en el producto. A cuenta de hechos (es aún muy pronto) analicemos dichos. A la hora de los debates con John McCain, fue en los asuntos domésticos donde la ruptura pareciera ser mayor. En lo económico, la tradicional ortodoxia liberal que los republicanos prescriben (siempre) y aplican (las mas de las veces) sería desplazada en favor de una conducción mas heterodoxa. Más Keynes, menos Adam Smith. En lo social, anunció aumentos impositivos a los sectores de ingresos mas altos para invertir en educación y solventar una cobertura de salud universal así como recortes en lo sectores medios y bajos para fomentar el consumo y la creación de empleo. En lo ambiental, subrayó la urgencia por encontrar formas ambientalmente sustentables de energía que reduzcan la dependencia con el suministro foráneo de petróleo y se mostró a favor de que sea el Estado más que el sector privado el que lidere dicha búsqueda. A primera vista, luce efectivamente como un marcado golpe de timón, pero si en lugar del árbol (Obama-Bush) miramos el bosque (demócratas-republicanos), el efecto tiende cuando menos a mitigarse. La historia de los Estados Unidos es entre otras cosas la historia de la alternancia en el poder en intervalos medianamente regulares. En ese sentido, las diferencias entre la plataforma de Obama con respecto a la de Bush no varían sustancialmente de las de sus antecesores demócratas en relación a sus contemporáneos republicanos.
En política exterior, el escenario no es muy alentador, ya que la ruptura pierde terreno frente al continuismo. Si bien Obama, en su discurso inaugural, reivindicó el camino del diálogo y de la diplomacia y prometió tender la mano a todos quienes estén dispuestos a abrir el puño, su oposición a la guerra en Irak se apoyó mas en el vocablo ‘Irak’ que en el término ‘guerra’, siendo su principal objeción no el qué sino el dónde. Los recursos militares que se malgastaron en Irak serán reorientados hacia nuevos horizontes bélicos como Afganistán o Pakistán con el fin de capturar y asesinar a Bin Laden y destruir a Al Qaeda, tal cuál lo expresó sin más en el primero de sus debates. Ante la escalada en el conflicto israelí-palestino se parapetó detrás de un profundo y prolongado silencio, el que sólo rompió para reivindicar al pasar el derecho del Estado de Israel a la legítima defensa. En lo que hace a América Latina (al menos desde la dialéctica) sus apreciaciones no parecen representar un quiebre sustantivo frente a los lineamientos de la administración Bush, independientemente de la opinión que cada uno de nosotros pueda tener del devenir de la región o de liderazgos como los de Chávez, Evo Morales o Rafael Correa (sus principales aludidos)
Celebro a Obama presidente. La barrera étnica se levantó para siempre aunque ya es anécdota. Simpatía, lo admito; expectativa, no veo por qué no. ¿Cambio? Definitivamente...tal vez.
FR