No le voy a negar que su tierra me genera sentimientos encontrados. Una tierra que nos ha regalado la belleza de Juliete Binoche, el talento de Zidane, las baguettes, un puñado de buenas películas y (según algunos) a Carlos Gardel. Pero también nos ha dado a Sarkozy, nos invadió con C’est la Ouate, es la tierra de un idioma incomprensible y de un colegio y liceo carísimo. Pero usted, sr. Evra, no me genera duda alguna: usted pertenece a este último grupo. Usted, Patrice (si me permite llamarlo Patrice) ha batido un record. Es el primer jugador despechado que conozco. Su reacción ante la indiferencia del sr. Suárez (hecho condenable, lo admito) fué absolutamente patética. Pudo haber estirado su mano, dejarlo pasar y retirarse del campo 90’ mas tarde en forma victoriosa pero a la vez digna. Pero tampoco pudo con su genio y terminó festejando un triunfo circunstancial como si hubiese recibido un Oscar. Solo le faltó cantar ‘Clavo mi remo en el agua...’. Muy triste lo suyo, sorprendentemente triste para quien es el capitán del ManCHESter United (aunque para el resto del mundo sea el MANchester, que suena mucho mejor). Usted, sr. Evra, no merece llevar en el pecho los mismos colores que transpiró nuestro Diego Forlán.
Renuncie.
Ya.
Renuncie.
Ya.
