En las últimas elecciones el FA ganó la presidencia, logró mayoría en las dos cámaras y se quedó con un tercio de las intendencias. Los blancos y los colorados no quedaron contentos con el resultado, me imagino, pero no salieron a los gritos a cuestionar la legitimidad de un triunfo en buena ley: más allá de algunos trancazos al borde del reglamento con lo de Sendic, han hecho oposición en forma fuerte pero institucionalmente leal. Después vino Novick a comprar bancas como si el Palacio fuese un outlet de legisladores y Gonzalo Mujica anda ofreciéndose al mejor postor creyendo que tiene más votos propios que Wilson en el 71. Pero esa es otra historia.
En las últimas elecciones en USA el Partido Republicano ganó la presidencia, tiene mayoría en las dos cámaras y se quedó con dos tercios de las gobernaciones, según un videíto que anda circulando con parte de un monólogo de Bill Maher (que no tiene una mitocondria de trumpista en todo su organismo). Para ponerlo en términos futboleros, los demócratas se comieron una sandunga de aquellas. Sin embargo, en el país que se autoproclamó faro electoral del mundo, en la nación que se considera la medida de todas las cosas en materia de democracia (dime de qué te jactas y te diré de qué careces, by the way) los que perdieron y perdieron feo hace un mes y monedas que están llorando chota porque dicen ser mayoría, porque se sienten con derecho por representar todo lo bueno, puro, justo y bello del mundo y porque se comieron el verso de que Putin les hackeó las elecciones. La última ignomina parece ser que un nominado al Oscar iraní no va a poder ir a la ceremonia por el famoso #MuslimBan que impuso Trump (que ahora se sabe que no es ni un muslim ban, ni fue idea de Trump sino del simpático de Obama). Pero qué cosa che, que injusto es el mundo.
Grow up.
Para terminar, hablando de visados, fronteras y esas cosas, antes de decir que somos unos arrastrados por dos mangos para el turismo me gustaría saber por qué si existe el principio de reciprocidad nosotros debemos tramitar visa para ir a EEUU o Australia, por ejemplo, pero ellos no la necesitan para venir al Uruguay. Estoy seguro que debe haber una razón de peso o una conveniencia estratégica y que no es porque nuestra política exterior consiste en catarle el glande al primer mundo.
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