31 ago 2015

Cuando la mentira es la verdad

Cuando Búsqueda publica que los docentes se niegan a ser evaluados, miente a sabiendas. Los maestros, por ejemplo, son inspeccionados dos veces al año, todos los años. Cuando El País y El Observador informan un día si y otro también que la educación privada tiene mejores resultados que la pública, mienten a sabiendas. Las últimas pruebas PISA muestran que los resultados son los mismos, a pesar incluso de que el presupuesto por alumno en la educación privada es significativamente mayor. Tampoco es cierto que los resultados sean tan malos: son consistentes con los resultados de otros países con una inversión en educación similar a la nuestra. Rankear a la par de Finlandia o Estonia con nuestro presupuesto no sería tener buenos resultados, sería hacer magia.
Cuando Sanguinetti dice que el mundo entero es conteste en que hay que evaluar más, miente a sabiendas. Vuelvo a Finlandia, que siempre se utiliza como ejemplo del deber ser en materia educativa. Allí cada vez evalúan menos, porque les importa mas educar que preparar alumnos para tests, tests que son una industria fabulosa, además. En Estados Unidos, el Opt-Out Movement, que aglutina a padres, educadores (Stephen Krashen, entre ellos) y hasta alumnos cansados de la cantidad de evaluaciones a la que son sometidos, capta cada vez mas adeptos. 
Cuando reconocidos periodistas con miles de seguidores difunden en las redes sociales la imagen que muestro a continuación, mienten a sabiendas.
En Secundaria, al menos hasta no hace mucho, se dictaban clases los días sábados. Los docentes trabajan buena parte de Diciembre, se reintegran en Febrero y en las vacaciones de Setiembre se trabaja de lunes a miércoles. Dependiendo de la institución las condiciones pueden variar (si un docente trabaja en un colegio de la colectividad no tendrá clases en los feriados judíos, por ejemplo), pero las generales de la ley son las que indiqué mas arriba. Insisto con que mienten a sabiendas porque todos estos datos son muy fáciles de chequear.
Lo anterior no me molesta, me preocupa. Si yo como ciudadano tiro fruta en un asado entre amigos (o en las redes sociales, como aquí y ahora), no pasa nada. Pero si un periodista tira fruta en su medio o en las redes sociales, es grave, porque son justamente profesionales de la difusión de información en forma rigurosa. ¿En quiénes vamos a confiar si no para que se haga? Es cierto que desde la izquierda dirigentes, medios, periodistas, militantes de base y hasta nosotros los votantes de a pié hicimos política y construimos mayorías blandiendo falsedades y agitando cucos, así que no tenemos mucho crédito a favor para la indignación. Es igualmente cierto que los docentes no somos meros daños colaterales y que tenemos nuestra cuota parte de responsabilidad. Lo que preocupa es que la educación en Uruguay está en un momento muy complicado. Pero no la vamos a arreglar a mentiras.

FR

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