5 nov 2016

El lenguaje construye realidades. Dejemos de naturalizar delincuentes llamándolos 'referentes de la barra'. Y de paso, también podríamos dejar de regalarles notoriedad haciéndoles entrevistas y mostrándolos como un fenómeno mezcla de pintoresco y folclórico, con ocasionales tendencias 'revoltosas' que se solucionan permitiéndoles autogestionar la seguridad. Estos tipos no tienen nada que hacer en los estadios ni en los medios ni tendrían que estar trabajando en los clubes: tendrían que estar presos. Antes de conocerse la noticia de la muerte de este pibe (otro mas), estaba escuchando a Welker en FOX Sports Radio hablando de los problemas de seguridad en la sociedad. No, querido, estos no son problemas de la sociedad. Es cierto que esto ocurrió lejos de un estadio y que era prácticamente imposible de prevenir, pero ningún rollinga desquiciado quiso ir al Sofitel a agredir a McCartney ni hay gente a los tiros en el Solís o en el Teatro de Verano. Estas son patologías del fútbol y de la cultura del aguante. Hasta la fiscal declaró públicamente estar sorprendida por el perfil de los asesinos de Santa Lucía: tipos con laburo, familia y estudios universitarios. Mientras tanto, seguiremos esperando por las cámaras de reconocimiento facial que nos van a permitir reconocer a delincuentes perfectamente reconocibles por cualquiera a simple vista y confiándole la seguridad en el mayor espectáculo público masivo a un emprendimiento privado del rubro patovicas.

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