Si le sigo la corriente al lobby de indignados, pareciera que el instrumento de ajuste fiscal es una especie de cometa Halley que se deja ver cada 75 años, cuando el danilazo no solo no es el primer ajuste ni será el último sino que ni siquiera es el más oneroso del que se tenga registro. Ahora bien, si llegás al poder con la promesa de ser distinto, después bancáte la que venga cuando apliques la misma receta que los que estuvieron antes.
No soy experto en la materia (no soy experto en nada, bah), pero como ciudadano que vota, paga impuestos y va al super, que el ajuste lo vayan a pagar quienes más tienen no me cierra del todo. En los porcentajes fríos podrá ser, pero en la práctica el aumento del 3% para una persona que gana 50.000 nominales duele mas que el 4% a alguien que gana 380.000, porque no es lo mismo un 4% cuando algo te sobra que un 3% sobre lo que ya apenas te alcanza.
Desde la otra vereda te corren por derecha con el argumento de la mala gestión de la bonanza, que de nuevo podrá ser cierto en los números fríos pero es un poco una tormenta con matracas. Lo que se gasta del dinero de los contribuyentes en políticas sociales ha aumentado notoriamente, al igual que lo han hecho las exoneraciones de impuestos al capital, que también salen del bolsillo de los contribuyentes. Algún día alguien deberá explicarme por qué es una política económica sensata perdonarle 1500 palos verdes a los ricos pero es un despilfarro populista regalárselos a los pobres.
Pero aún si quisiéramos debatir sobre lo pertinente de que pague más el que tiene más o sobre la composición del gasto público, eso ni siquiera es lo relevante en este momento. El tema acá es que un gobierno de izquierda defiende un ajuste fiscal sobre la base de que el 60% de los trabajadores no verán afectados sus ingresos y pretenden que los aplaudamos. El 60% de los trabajadores no verán afectados sus ingresos porque no pagan IRPF, y no pagan IRPF porque ganan menos de 23.000 pesos nominales. Así de pelotudos nos consideran, mirá vos. Y no me vengan con que esto incluye a pibes que laburan part-time para pagarse las salidas y las pilchas mientras viven cómodamente con sus padres, porque si eso explicara el grueso del millón y algo de trabajadores en esa situación Uruguay tendría que tener 6 millones de habitantes. Seamos buenos. Se les debería caer la cara de vergüenza de que después de la mejor década económica en la historia del país, con el famoso ‘viento de cola’, con récord de inversiones extranjeras, con investment grade, con las commodities por las nubes, con los economistas viviendo en un paroxismo orgásmico, después de todo ese combo y con todos los deberes hechos, el 60% de la gente que labura no llega a cobrar 20.000 pesos en la mano. Eso es sencillamente inmoral.
Nada de esto va a cambiar con más inversiones, con un TLC con Estados Unidos, con acuerdos con China, con más y mejor Mercosur o con lo que el Rulo haya ido a mendigar a Zambia. De ser así, ya hubiese cambiado. Todo lo anterior es condición necesaria pero no suficiente. Como tuiteó Gabriel Pereyra, ’10 años creciendo a tasas chinas para terminar comiendo arroz’. Estamos saliendo de la panacea económica tal cual nos la contaban, y resulta que nos dejó un tendal de un millón y pico de tipos con salarios de hambre y una sociedad cada vez mas desintegrada que se va lenta pero inexorablemente a la mierda.
No tengo idea cómo se sale de ésta. Como dije, no soy experto en nada. De lo único que estoy seguro es de que es hora de reivindicar el viru-viru y el pensamiento crítico, de discutir de política, de ideología y de economía de izquierda y de derecha; es hora de gobernar en lugar de gestionar, de educar en vez de capacitar, de justicia social y no de meritocracia. Le duela a quien le duela, mejor hablar de ciertas cosas.
FR
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