5 mar 2016

Sendic y el síndrome James Rodríguez

síndrome
Conjunto de fenómenos que concurren unos con otros y que caracterizan una determinada situación.

James Rodríguez (en adelante: ‘el pibe’) arrancó el Mundial con todo, asumiendo el liderazgo futbolístico de su selección ante la ausencia de Falcao y la presencia decorativa de Teo Gutiérrez. Contra Uruguay, nada menos, el pibe la colgó de un ángulo y fue la figura de la cancha. El mundo abrió los ojos y los colombianos creían haber encontrado en el pibe al sucesor del Pibe. Scolari tomó nota y le puso dos rústicos en el medio que rasparan y lo hicieran jugar incómodo. Ya sea porque Pekerman no se las dio, o porque él no supo o no pudo encontrarlas, el hecho es que el pibe careció de estrategias para contrarrestar la ‘operación táctica’ ideada por Felipao para neutralizarlo y contra Brasil se lo vio irresoluto, fastidioso y protestón. Resultado: Colombia afuera.
Sendic también arrancó su carrera política con todo, asumiendo como diputado primero, como ministro después y más tarde como presidente de la principal empresa pública del país. En junio la clavó en el ángulo con la 711 y fue la figura del FA en las internas. Todos abrieron los ojos y en el oficialismo creían haber encontrado al sucesor de Vázquez y Mujica para el 2019. Tabaré tomó nota y lo llevó de vice. Ya sea porque nadie lo asesora o porque él no sabe o no puede encontrarlas, el hecho es que parece carecer de estrategias para contrarrestar la operación política que enfrenta, operación que no había que ser muy lúcido para prever. El sempiterno argumento de la conspiración de la derecha no alcanza esta vez porque la cosa no vino desde ahí, aunque después se subieran al carro. Resumiendo: le están pegando de todos lados.
El problema es que el tipo no ayuda en nada y es una metida de pata atrás de otra. Pero a diferencia del fútbol, donde muchas veces es imperativo mover fichas en forma inmediata para ‘generar un revulsivo’, en política no se debería andar cual hincha enajenado pidiendo cambios cuando hablamos de gente que fue electa por la gente (suena a programa de Franco Bagnato, ya sé). Si alguien que ostenta un cargo al que llegó por voto popular comete un delito, que lo remueva la justicia. Si no hay delito pero sí una falta ética o moral, que lo remueva la gente en las urnas. Pero nunca una barra a los gritos. La institucionalidad está primero.
Que hay una campaña personal contra Sendic y su entorno no lo ve el que no quiere y lo de Sotelo es la muestra más evidente de que le están pegando en el piso. Ahora, repasemos los golpes (en estricto orden cronológico) y veamos en qué se apoyan los que piden su renuncia o exigen una condena pública. ¿Su orientación sexual? Irrelevante. ¿Incurrió en actos de corrupción al frente de ANCAP o al mentir sobre su formación académica? Denúncienlo. ¿Maneja rápido? Múltenlo. En ningún caso amerita que deje su cargo. ¿Dice estupideces? Claro que sí. Aquello de que ‘si alguien es corrupto no es de izquierda’, por ejemplo, es una estupidez de campeonato que solo le pueden festejar los evangelizados en el advenimiento del ‘hombre nuevo’. No menos estúpido, convengamos, que educar para el mercado de trabajo y sorprenderse por los malos resultados académicos, gobernar un país tirando postas del estilo de Paulo Coelho o un Ministro de Defensa aconsejando a la población que agarre para los chumbos. Si entramos a pedir que renuncien los que dicen pavadas el país quedaría acéfalo.
Me sorprende que haya que estar siempre aclarando que defender a una persona a la que le están pegando en el piso no significa que lo que esa persona haya hecho esté bien, sino que lo que está mal es pegarle en el piso. Si la justicia lo procesa por algún delito es otra historia, y, llegado el caso, ahí sí saquémoslo a patadas en el culo. Pero así como honesto hay que serlo y hay que parecerlo, culpable no importa con parecerlo, hay que serlo. Y probarlo.

FR

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